Cristóbal Salazar:



Cristóbal Salazar, Profesor de Historia y Geografía, Postitulo en Filosofía y Educación, con mención en Ciudadanía Democrática de la Universidad de Chile, que lleva nueve años trabajando en el Colegio Emprender Larapinta,
forma parte del equipo que diseña las líneas de Formación en Ciudadanía, sistematizando las diversas experiencias que se desarrollan en los Colegios Emprender.
 
Este Programa de Formación Ciudadana busca  contribuir a generar las competencias propias que debiera tener un ciudadano para su desenvolvimiento comunitario. Con él conversamos para saber en qué consiste esta interesante iniciativa. 
 
La ciudadanía:
Un elemento que enriquece a la escuela en su integralidad 

“Apostamos que este trabajo contribuya a la formación de ciudadanos comprometidos y activos con la realidad nacional que les toca vivir, así como también, con la generación de espacios basados en el dialogo respetuoso e informado al interior de las escuelas”, destaca Cristóbal. 
 
“Hemos podido detectar y atender a un segmento de estudiantes que están ávidos de desarrollarse y profundizar su formación en esta área. En este sentido, la ciudadanía es un elemento que enriquece a la escuela en su integralidad, ya que profundiza los niveles de dialogo y debate, nos exige coherencia entre lo discursivo y lo práctico, y nos invita a conformarnos como una comunidad de aprendizaje donde todos y todas, desde distintos niveles y responsabilidades, aportemos a su construcción”, agrega.
 
-¿En qué consiste  el   Programa de Formación Ciudadana que has desarrollado con éxito en el Colegio Larapinta y cuáles son sus objetivos pedagógicos?

Las iniciativas desarrolladas en el Colegio Emprender Larapinta se remontan a abril del 2012, fecha en que se implementó una primera iniciativa que consistió en una convocatoria a las Humanidades y las Artes para explorar las posibilidades que ofrecían esos subsectores para formar en ciudadanía. 
 
Comenzó allí un trabajo que se mantiene hasta la actualidad y que ha transitado por diversos formatos y niveles y cuyos objetivos pedagógicos se entroncan con el contribuir a generar las competencias propias que debiera tener un ciudadano para su desenvolvimiento comunitario. 
 
Las competencias en ciudadanía articulan un set de conocimientos, habilidades, y actitudes, que buscan impactar en los distintos escenarios en los cuales están insertos nuestros estudiantes. Esto implica contemplar, de manera simultánea, niveles y horizontes formativos de diverso calibre.
 
Ahora bien, dicha línea de trabajo se inserta en la mirada institucional de la Corporación Emprender, expresada en su Proyecto Educativo, por incorporar los desafíos propios de la formación ciudadana en su quehacer educativo. 
 
De esta manera, las líneas de trabajo implementadas hasta el momento en Emprender Larapinta dan cuenta de un diseño institucional que ha seleccionado esa comunidad educativa para dar los primeros pasos en esa dirección, pero que contempla una instalación de alcance institucional. 
Es así que se han diseñado una serie de diversas metodologías que han considerado ferias ciudadanas, lecturas teóricas, conversatorios, talleres prácticos, debates, observación de documentales.
 
Por estos días estamos finalizando un Taller de Liderazgo y Ciudadanía dirigido a las Directivas de Curso de 7° básico a Cuarto Medio, así como también a la incorporación de la ciudadanía al subsector de Historia, Geografía, y Ciencias Sociales en esos mismos niveles. 
Finalmente, quisiera resaltar que si bien fue el Emprender Larapinta escogido para esta experiencia, es posible encontrar en todos los Colegios de la Corporación Emprender diversas iniciativas en esta dirección, lo que da cuenta de una óptica y un énfasis institucional por el desarrollo de este tipo de temáticas, junto con una identidad que produce cercanías naturales con estos temas. 

-¿Cómo evalúas la experiencia que has desarrollado con los estudiantes de Larapinta?
Las diversas vivencias formativas en Lampa han sido altamente satisfactorias, según los objetivos trazados. 
 
Hemos contado con el apoyo de los equipos de gestión y de Dirección, los que han entregado las facilidades del caso. 
 
Es importante destacar que la formación en ciudadanía debe convivir con las demás líneas y áreas que se desarrollan en la escuela. De esta manera, la apertura y la coordinación han sido claves para una primera instalación exitosa. 
 
Los frutos de este trabajo comienzan a observarse en el mediano plazo y hoy podemos ver, con orgullo, como hemos contribuido a generar liderazgos estudiantiles comprometidos con los desafíos comunitarios y nacionales. 
 
Ahora bien, no se debe perder de vista que aún estamos en fase de instalación y que las actividades implementadas han sido exploratorias. Sin embargo, el interés demostrado por las y los estudiantes nos indican que hemos avanzado en la dirección correcta. 

La formación en ciudadanía
y la esperanza de contribuir en la construcción del país que soñamos
 
“Tomando en cuenta el debate actual en educación, podríamos decir que una genuina educación pública no se define solamente por los mecanismos de su financiamiento, sino también por los objetivos y las metodologías que utiliza. Por tanto, la formación en ciudadanía democrática es, simultáneamente, una mirada institucional y una responsabilidad con el país en que nos toca vivir”, subraya Cristóbal. 
 
“Desde una mirada más amplia, podríamos decir, también, que es parte de una esperanza de contribuir en la construcción de ese país que soñamos: libre, profundamente democrático, dialogante, respetuoso, informado, diverso, responsable, culto. Desde aquellos elementos, junto a otro más, nacen los sentidos que animan nuestra labor”, explica. 
 
-¿En qué sentido aporta a construir alumnos con  una  mirada sobre su país  que les permite tener una posición sobre los temas de actualidad nacional?
Las iniciativas educativas siempre operan sobre territorios, historias y personas concretas. En este sentido creemos que la formación ciudadana da cuenta de un diagnóstico y de una mirada sobre el país que tenemos y el que queremos alcanzar, generando así una propuesta curricular y formativa que hace suyos los desafíos de nuestra experiencia como país y sus posibles proyecciones. 
 
La formación de los actuales y futuros ciudadanos, creemos, es un proceso donde la escuela tiene que dejar su impronta. Es en ella donde podemos inocular las vacunas sociales contra los totalitarismos, los populismos, y la intolerancia. 
 
Visto así, la modernidad sigue siendo una tarea aún pendiente en nuestro país, y ahí adquieren relevancia las iniciativas que desde ámbito puedan realizar las escuelas. La Corporación Emprender, como organización sin fines de lucro, ofrece sus servicios educativos en colaboración con el Estado, por lo que la orientación de su curriculum opera en el ámbito de lo público. Se configuran así un conjunto de elementos que orientan su labor formativa considerando los desafíos propios del país. 

-¿Por qué hoy es clave la formación en ciudadana en los colegios? ¿Por qué es relevante sobre todo hacerlo en el ámbito escolar?
Existen varias puertas de entrada para dar respuesta a esa pregunta. Por un lado, podríamos decir que las generaciones adultas sufrimos el impacto de la experiencia totalitaria en nuestro país, por lo que las reflexiones y las lecciones de dichas vivencias apuntan a fortalecer el sistema democrático. Ahora bien, la formación ciudadana adquiere importancia en dicha preocupación. 
 
Uno podría preguntarse, ¿qué espacios de nuestra sociedad se dedican a la formación sistemática de la ciudadanía?, ¿dónde se garantiza que los jóvenes reciban las competencias adecuadas para estos objetivos? Ahí la mirada se vuelca sobre la escuela. Una comunidad que se orienta hacia la formación democrática comienza a naturalizar en sus integrantes, desde la infancia, una manera de ser que busca encarnar dichas actitudes. 
 
Quizás sea duro decirlo así, pero las escuelas no son organizaciones democráticas, pero poseen la potencialidad de formar y abrir espacios para ese tipo de convivencias. El ámbito escolar, desde los procesos de socialización de las personas, juega un rol estratégico en el acervo intelectual, actitudinal, y moral que puedan adquirir los sujetos. De ahí que el espacio de la escuela tenga una relación directa con el desarrollo político del país. Nos invita a pensar la infancia y la juventud en función del desarrollo de destrezas democráticas, generando un hábitat en donde la convivencia comunitaria forme y ejercite en los mecanismos de vida civilizada. 
Se establece, así, una suerte de garantía y apuesta hacia el futuro: los ciudadanos del mañana operarán según el proceso formativo que hayan recibido. Y la escuela, como organización sistemática para la formación cultural de las nuevas generaciones, adquiere un rol central.
 
-¿De qué manera este Programa resguarda  el derecho de pensar diferente?  
Quizás uno de los objetivos más importantes del proyecto se refiera precisamente a ese punto. La convivencia democrática garantiza, o debiera hacerlo, la expresión libre de las ideas, su debate, y la generación de síntesis responsables y sustentadas por las mayorías. De ahí la necesidad de impulsar que los y las jóvenes piense de manera autónoma, fundamentada, contextualizada, con un ojo puesto en las consecuencias de su actos y planteamientos. 
 
Una comunidad que piensa de manera diversa tiene la potencialidad de llegar a más y mejores propuestas para enfrentar sus diversos desafíos. De ahí que uno de los principales objetivos de esta área de trabajo es que los estudiantes piensen y posean las herramientas necesarias para dar a conocer sus ideas. De ahí que la deliberación, el debate, el posicionamiento frente a temas controversiales, el conocimiento de las teorías que sustentan la acción política, van generando gradualmente en los y las jóvenes las herramientas que le permiten posicionarse desde los nichos ideológicos que ellos consideren como adecuados. 
 
Quizás uno de los fantasmas que acechan esta área de trabajo sea el adoctrinamiento o la imposición de visiones unilaterales: Nuestra experiencia, en la voz de los estudiantes, nos ha indicado que el conocimiento y la reflexión de las principales corrientes de pensamiento contribuye a generar mentalidades abiertas, fundamentadas en su opinión, acostumbradas al debate y a la diferencia de opiniones que allí anida. 

-¿En qué sentido el proyecto busca darle un sello al estudiante de Emprender? Y en esa línea, ¿Qué sello te gustaría que tuviera el estudiante de Emprender?
Buscamos contribuir a gestar personas que asuman como positiva la existencia de formas diversas de pensar, que estimulen el dialogo y el debate respetuoso y que entiendan que los mecanismos democráticos son los llamados a generar las síntesis sociales.
 
Soñamos con un estudiante en donde el “emprender” también significa valorar y hacer suyos los temas y los desafíos de lo público, junto con desarrollar iniciativas en esa dirección. 
 
Sin duda, son objetivos ambiciosos y de largo aliento, pero junto a la excelencia académica, buscamos colaborar con la construcción de dirigentes sociales activos y con una visión profundamente democrática para que desarrollen su campo de acción allí donde lo estimen necesario. 
 
Llegará el día en donde comenzarán a aparecer dirigentes estudiantiles, de partidos políticos, de organizaciones territoriales, de colegios profesionales, sindicales, que desarrollarán sus labores desde los contenidos esbozados en esta entrevista. De ahí que la convivencia democrática, junto a todas las aristas que desde ella se desprenden, conforman la brújula que orienta nuestra apuesta formativa. Naturalmente, sin imposiciones verticalizadas, sino que mediante metodologías participativas que potencian las habilidades y los contextos de donde provienen nuestros jóvenes. 
 
En lo personal, adquiere un profundo sentido el poder colaborar con este tipo de iniciativas, ya que las conexiones que desde la escuela podamos hacer con los desafíos de la convivencia democrática nacional nos permiten insertar nuestra labor en un proyecto de alcance nacional. Si al finalizar la década del ’30 Pedro Aguirre Cerda nos invitaba a conectar la educación con el desarrollo nacional mediante el célebre “Gobernar es Educar”, hoy asumimos y tomamos esa posta en su significado profundo, articulando acciones que comiencen a construir hoy lo que se sueña para mañana.
 
-¿Cómo se proyectará este hermoso Programa en el futuro?
Diversas reflexiones surgen al proyectar este trabajo. Como un primer desafío podríamos hablar de la superación de la fase de instalación, de experiencias pilotos, y poder dotarnos de planes sistemáticos y sostenidos en el tiempo para los cerca de 5.000 estudiantes de los Colegios Emprender. 
 
Dicho desafío implica la co-construcción con y desde las distintas comunidades educativas; dada la naturaleza de los temas asociados a la ciudadanía, se desprende la importancia de los protagonismos locales en su diseño e implementación para así contribuir a generar estilos de trabajo en consonancia con las temáticas a trabajar. 
Esto hace germinar una invitación a que los distintos actores y niveles que se encuentren en la escuela comencemos a incorporar la mirada de la ciudadanía en nuestros distintos ámbitos y prácticas. 
 
Si bien sus principales destinatarios son los y las niños y jóvenes, son las comunidades en su conjunto las llamadas a encarnar estos planteamientos. Vale decir, profesores y profesoras profundamente ciudadanizados podremos colaborar en las tareas de diseño e implementación, organizaciones de padres y estudiantes que en sus mecanismos de acción hagan suya la convivencia democrática, junto con espacios directivos que velen, evalúen, y proyecten lo que se realiza. Es un proceso, que si bien contempla etapas, se proyecta hacia el futuro en coherencia con los desafíos que vayan surgiendo, con una disposición permanente hacia el dialogo perfectible, y en donde todos y todas tienen algo que aportar. 
 
Ahora bien, la proyección de este trabajo dependerá, en gran medida, de ser capaces de construir las traducciones pedagógicas de esta búsqueda: de seleccionar las mejores metodologías, de construir las progresiones cognitivas en coherencia con los niveles de desarrollo de niños y jóvenes, de evaluar y mejorar nuestros desempeños de manera permanente, de insistir en la autoformación docente, de revisar la bibliografía especializada y la experiencia comparada, así como también de abrir espacios de conversación y debate con el mundo académico especializado y con otras comunidades educativas que compartan estos afanes. Podremos así a aspirar a contribuir con nuestro grano de arena a un futuro robustamente democrático.